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Por Francisca Osorio
¿Quién no ha oído hablar del Cristo de Mayo y de su corona que extrañamente bajo de la cabeza al cuello?. Probablemente todos tenemos por lo menos alguna noción de éste hecho histórico que ha sido matizado con características propias de una leyenda. ¿Pero sabemos realmente como cuenta la Historia de Chile este suceso?

Los documentos coloniales existentes sobre este hecho dicen que el lunes 13 de de mayo de 1647, a eso de las 10 de la noche, la ciudad de Santiago fue afectada por un violento terremoto de larga duración, el cual habría provocado la destrucción de ciudades completas y la muerte de un 25% de la población. Por sus características, este terremoto pasó a ser el más importante desastre natural ocurrido durante el periodo colonial y del que más registros existen en la actualidad, no solo por sus devastadoras consecuencias sanitarias, económicas y humanas, sino que también por un extraño suceso asociado a una imagen religiosa.

El sismo hizo que cayeran importantes centros religiosos de la época como la Catedral y la iglesia de la Compañía, sin embargo fue la de Nuestra Señora de Gracia, conocida popularmente como la iglesia San Agustín la que capturo toda la atención de los sobrevivientes. El Señor de la Agonía salvó sin daños y se mantuvo en pie, con parte de la iglesia de los agustinos.
Sumado a esto, otro hecho sobresaltó a los fieles sobrevivientes: al crucifijo de tamaño natural se le cayó la corona de espinas hasta el cuello de un modo que hasta el día de hoy es considerado prácticamente imposible.
Fray Gaspar de Villarroel, fraile agustino y obispo de Santiago, comenzó a reunir a los sobrevivientes en la cercana Plaza de Armas, y los monjes organizaron con los vecinos una procesión en la que, todos descalzos llevaron la imagen, colocándola en un lugar prominente.
Esa misma noche se organizó una procesión con la figura hasta la Plaza Armas, costumbre que hasta el día de hoy se realiza cada 13 de mayo al anochecer.
Desde entonces la imagen pasó a ser conocida como el Cristo de Mayo, convirtiendo a la efigie y a la procesión en un vínculo entre el Chile actual y el colonial.

Creencias en torno a la imagen del Cristo de Mayo

En la actualidad aún permanecen diversas creencias populares surgidas en torno a lo acontecido aquella noche. La más famosa guarda relación con su dueña, Catalina de los Ríos y Lísperguer, más conocida como “la Quintrala”.
Cuenta la tradición que en alguna ocasión percibió mientras azotaba a un peón, que la imagen del Cristo la miraba tristemente. Contrariada por tal situación ordenó que la imagen fuera lanzada por una ventana o (dependiendo de la versión) que fuera retirada de su vista, porque "no soportaba a hombres que le pusieran mala cara en su casa". Los sacerdotes del Templo de San Agustín, vecino a la casa de la Quintrala, recogieron la imagen abandonada y la colocaron en uno de los altares laterales. Posteriormente, el día del fatal movimiento telúrico, Catalina de los Ríos habría corrido a la iglesia en busca de refugio, pidiéndole al Señor de la Agonía por su protección. Al terminar el sismo la única pared que quedo completamente en pie habría sido la del Cristo, lo que permitió que su antigua dueña quedara con vida.
Otra versión (porque no decirlo menos creíble) menciona que como consecuencia a la caída de la corona, cada vez que se intenta subirla hasta la cabeza, se produce un temblor en nuestro país.

Visión de la iglesia Católica
Según el Padre Roberto Navarro, locutor del programa “Jesús enviado del padre” transmitido por Radio María, la Iglesia Católica en Chile ha reconocido esta celebración a pesar de las múltiples leyendas no comprobadas que han surgido en torno a la imagen del Cristo de la Agonía. Lo que reconoce no son las leyendas ni los relatos casi mágicos que hay sobre este suceso, sino el carácter religioso de la procesión, la cual surgió en 1647 a partir del fervor popular. Es en ese sentido la iglesia siempre ha apoyado este tipo de manifestaciones espontaneas de devoción hacia Cristo. Sin embargo, recalca que es importante considerar el contexto en el que se dio este hecho, sin olvidar que aún durante la colonia se tenía la errónea percepción de un cristo castigador y que eso puede haber incluido en la formación de estos relatos.





Grandes Glorias del Pasado

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Por Sofía Brinck
Lota es, a primera vista, una ciudad como cualquiera del sur de Chile. Está compuesta por Lota alto y bajo, cuenta con un supermercado local, una plaza de armas, un par de restaurantes no muy bien cuidados y calles estrechas de adoquines, que uno puede recorrer y que transportan al pasado.
No parece haber nada especial en ella, pero en sus alrededores y con su gente se forjó una etapa muy importante de la historia nacional que fue fundamental en la economía y el desarrollo del país.
En Lota y sus alrededores se encuentran los más importantes yacimientos subterráneos carboníferos que hay en Chile, los cuales fueron explotados entre 1884 y 1997, siendo parte muy importante del crecimiento económico nacional. Además, la ciudad obtuvo renombre nacional con el libro de Baldomero Lillo, “Subterra”, el cual narraba la vida de los obreros en la mina y todas las penurias que soportaban día a día.
Pero las viejas glorias del carbón ya pasaron y en la actualidad, la ciudad trata de seguir adelante aunque el clima es adverso. Con una tasa de 12,6% de desempleo (la más alta en Chile junto a San Antonio y a Talcahuano según el último informe del INE), Lota busca la manera de resurgir y volver a ser el centro pujante y solvente que alguna vez fue.


Viejas batallitas en las profundidades

Aunque las minas cerraron hace ya muchos años, Lota sigue siendo relacionada exclusivamente con la industria del carbón. Aunque ya no bajan los mineros y el oro negro, como se le llamó algún día al mineral, ya no sale a la luz, las consecuencias del duro trato que recibían los trabajadores y las paupérrimas condiciones en que operaban siguen estando visibles y causando estragos en aquellos que alguna vez bajaron cada día a la mina y ésta cobró su precio.
En el tiempo en que las excavaciones bullían diariamente de actividad, las cosas tampoco favorecían mucho a los mineros, los que trabajaban en condiciones muy precarias y bajo un régimen explotador. Las horas de trabajo eran de sol a sol y empezaban a contar cuando el trabajador estaba ya en la mina, todo el trayecto –que a veces duraba mucho pues cada mina tenía una profundidad diferente- era aparte. En un comienzo no contaban con cascos de seguridad y su vestimenta consistía en pantalones de saco de harina y el torso descubierto.
Las condiciones, aparte de peligrosas, eran míseras: no habían baños en la mina y estaba prohibido subir para hacer las necesidades, por lo que las hacían en la mina y esto llevó a la proliferación de guarenes en su lugar de trabajo.
El almuerzo lo traían ellos desde sus hogares y consistía en un pan amasado y una charrita de té, a la que a veces se le agregaba malicia para soportar las duras horas de trabajo. Su única fuente de iluminación era una lámpara a aceite que llevaban con ellos y que contribuía al peligro de explosión por el temido gas grisú que emanaba de las profundidades.
Gran parte de la población de Lota trabajó en alguna de las minas o tuvo a algún pariente que lo hiciera, por lo tanto todos conocen las desastrosas consecuencias que conllevaba pasar hasta 12 horas bajo tierra, diariamente y durante años.
Los mineros sufrían de neumoconiosis y silicosis, enfermedades al pulmón causadas por aspirar diferentes partículas que colmaban el ambiente da la mina y que les llenaban los pulmones de polvo y más tarde de cicatrices, lo que a largo plazo los llevaba a la muerte. También se desarrollaba frecuentemente cáncer al pulmón, artritis en las articulaciones por el largo rato que pasaban en la misma posición y varias otras enfermedades respiratorias y de los huesos.

A pesar del paso del tiempo, y de que la población se dedica a otras actividades, el concepto que se tiene de la ciudad permanece ligado a la actividad carbonífera y a las penurias que traía consigo. Pero el estigma de ciudad pobre, triste y poco productiva no es sólo imaginativo, ya que la cesantía, el descuido y la falta de dinero han hecho de Lota tan sólo una quimera de lo que algún día fue.


Una solución insospechada
Si un hombre trabajó en el carbón y vivió las penurias que conllevaba la vida en la mina, se siente orgulloso de ello y sus recuerdos le dan un porte altivo, que lo diferencia del resto. Es por eso que, aparte de la escasez de trabajo en la zona, los mineros no gustaban de emplearse en cualquier cosa, porque su orgullo como trabajadores del mineral persistía.
Mas pasaron los años y la cesantía era tan grande, que el orgullo y la altivez desaparecieron y dieron paso a una desesperación enorme por conseguir un trabajo estable, con sueldo fijo. Los proyectos de reconvención de obreros del gobierno, como cursos de gasfitería o carpintería, no funcionaron y las campañas de trabajos temporales que implementaba tampoco.
Es aquí cuando, al ver la cantidad de gente curiosa por conocer una mina, surge la idea de explotar el turismo carbonífero. Así se idearon paseos por la mina “El Chiflón del Diablo”, rebautizada así por la obra de Baldomero Lillo, donde menciona un pique terrible con ese nombre. Se contrataron cuatro ex mineros para hacer los tours, para que pudieran relatar sus propias experiencias, y se creó un circuito por la ciudad, que incluye el Parque Isidora Goyenechea, el museo interactivo Big Bang, el Museo Histórico de Lota y la central hidroeléctrica Chivilingo.
Es en este momento cuando los turistas empiezan a tomar en cuenta a Lota para las excursiones y para pasar un buen rato aprendiendo además un poco de historia. Así, las calles de adoquines, las viviendas típicas de los trabajadores y los piques abandonados ganan otro significado y pasan de ser construcciones roñosas a ambientar una ciudad que trata de rescatar su antiguo espíritu.
El éxito ha sido tan grande, que ya se ha modificado el paseo por la mina para que la gente pueda volver y descubrir nuevos túneles, también se han recuperado casas y calles, e incluso se le postula a ser Monumento de la Humanidad por la UNESCO, debido a su gran valor histórico.

Un ex minero se pone su casco gris y le habla con voz estertórea a la concurrencia, que puede componerse de familias, estudiantes y personas de variadas edades que lo miran debajo de sus cascos amarillos. Suspira y empieza el recorrido a la mina, su amante durante tantos años y que ahora lo recibe con sus brazos abiertos, esperando cada visita para salir de la soledad.
Esa es la realidad de Lota, pueblo minero del sur y que alguna vez fue la fuente de oro negro del país, muchos, muchos años atrás.

La Santa No Reconocida

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Por Francisca Osorio
El suceso se remonta al siglo XIX en la región de San Juan, Argentina. La historia cuenta la muerte de una mujer cuyo marido, Clemente Bustos, fue reclutado forzosamente hacia 1840, durante las guerras civiles entre unitarios y federales. A su paso por la aldea de Tama provincia de La Rioja, la soldadesca de Facundo Quiroga, que viajaba rumbo a San Juan, obligó al marido de esta mujer, llamada Deolinda, a unirse a las montoneras, lo que hizo que ella, angustiada por la enfermedad de su marido, deseosa de reunirse con él en San Juan, tomara a su hijo lactante y siguiera las huellas de la tropa llevando consigo sólo algunas provisiones de pan y dos chifles de agua. Cuando se le terminó el agua de los chifles, Deolinda se estrechó a su hijito junto a su pecho y se cobijó debajo de la sombra de un algarrobo; allí murió a causa de la sed, el hambre y el agotamiento. Sin embargo, cuando los arrieros riojanos Tomás Nicolás Romero, Rosauro Ávila y Jesús Nicolás Orihuela, pasaron por el lugar al día siguiente y encontraron el cadáver de Deolinda, su hijo seguía vivo, amamantándose de sus pechos, milagrosamente vivos. Los arrieros, que conocían a Deolinda puesto que eran vecinos de Malazán, donde ella era muy querida por sus virtudes y buenas acciones, la enterraron en las inmediaciones y se llevaron consigo al niño hacia La Rioja. En la primera jornada de camino, el niñito empezó a enfermarse y falleció. Los arrieros regresaron a Vallecito y lo enterraron junto a su madre. Otras versiones difieren acerca de la suerte que habría corrido el hijo de la Difunta; según una interpretación, habría sido criado por una familia del lugar y habría fallecido de viejo; según otra, "no se supo de la suerte corrida por el pequeñuelo". También existen diferencias acerca del marido de Deolinda; algunos versiones indican que lo mataron las montoneras, otras, que regresó después de ocho o diez años al que fuera su hogar.
Con los años, al conocerse la historia, muchos lugareños de la zona comenzaron a peregrinar a su tumba, construyéndose con el tiempo un oratorio que paulatinamente se convirtió en un santuario. En la actualidad las visitas al santuario se producen durante todo el año, pero son más frecuentes en Semana Santa, el día de las Ánimas (2 de noviembre), la Fiesta Nacional del Camionero, en Vacaciones de Invierno y para la Cabalgata de la Fe que se realiza todos los años entre abril y mayo. En las épocas de mayor afluencia puede llegarse hasta a trescientas mil personas; el promedio (año 2005) de los que peregrinan al santuario de la "Difunta Correa" en Vallecito es de 1.000.000 personas/año.
Sin embargo, a pesar del fervor religioso que provoca en las personas la trágica historia de Deolinda Correa, esta figura dentro del grupo de los “Santos no Reconocidos”.
Existen otros casos, como el de Laura Vicuña, donde dar la vida por un ser querido en circunstancias extremas ha sido motivo de santidad y beatificación.
El Sacerdote Joaquín Alliende Luco, Director Internacional de AIS (Ayuda a la Iglesia que Sufre), Consultor para cuestiones teológicas del Consejo General del Vaticano y Asistente Eclesiástico Internacional, nos explica los motivos por los cuales el caso de la Difunta Correa no ha sido reconocido como un milagro.

¿Qué es lo que hace que este hecho no sea registrado como milagroso por la iglesia Católica?

Recuerdo que hace mucho tiempo me ocupe del tema de la Difunta Correa, no tengo los datos exactos en la memoria. Pero si recuerdo que el tema presentaba múltiples complejidades.
La iglesia católica latinoamericana es muy respetuosa de la devoción popular. No hay ningún problema por el origen popular de esta historia. Pero la iglesia debe ser muy cuidadosa y no repartir títulos de forma arbitraria. Los exámenes que se realizan previamente son muy exigentes y rigurosos.
La iglesia necesita seguridad, después necesita milagros verificados y reconocidos científicamente. La iglesia es incluso más cuidadosa que los médicos que estudian los casos. En este asunto especifico, los problemas no se encontraban en la investigación histórica ni en la autenticidad del acontecimiento, más bien en el ámbito de la realidad de esta mujer, es decir lo que se cuestiona no es el hecho mismo sino que las motivaciones de ese dar la vida heroicamente, que según nuestras investigaciones no estaría fundamentado en el amor cristiano o la fe cristiana. Ese fue un acto heroico o de supervivencia de una madre que ama profundamente a su hijo.
Tengan la certeza de que si un obispo argentino no ha dado el pase es porque algo no está claro. La iglesia es muy responsable y es muy exigente para que cuando se presente a alguien sea realmente un ejemplo de santidad. Afirma el Sacerdote.
Una creencia argentina que despierta el fervor de muchos chilenos
En nuestro país, en la región de Aysén se la venera con la misma pasión que en las rutas del sur, y cientos son los transportistas que se detienen a dejarle botellas de agua, en un intento por aplacar esa sed que le oprimía el alma en sus instantes de agonía. Se trata claramente de una tradición sublimada y elevada al rango de un mito por la fe de un pueblo, y que tiene origen en las tormentosas jornadas de la guerra civil argentina. En Coyhaique uno puede acercarse a percibir aquellas desoladas ofrendas, pequeñas casitas construidas para adorar el recuerdo de una mujer “milagrosa” que puede proteger a los viajeros en los recodos de sus rutas. Estos amigos del camino ven en la imagen de Deolinda la simbología maternal personificada y es por eso que, además, siguen llevándole botellas de diferentes formas, colores, anchos golletes en señal de auxilio generoso más allá de la muerte.

históricos

Posted by Sofía under
Diferentes artículos de temas cuyas raíces se remontan a décadas y a veces a siglos atrás. No se lo pierda!